LOS NIÑOS DE AHORA TIENEN CUATRO MESES DE PISCINA

Sé que estáis acostumbrados a leerme sobre temas de ciberseguridad y cibercrimen y que no es habitual que escriba sobre otros temas que me inquietan. Pero escribir es compartir así que me gustaría dejaros una pequeña reflexión sobre un tema que me preocupa bastante: el cambio climático que estamos viviendo y la costumbre de muchos de demonizar la tecnología y en concreto, los robots.

No soy el actor Leonardo Di Caprio, que posee fama y dinero para montar una fundación sobre la que alertar de este preocupante fenómeno y poder viajar por el mundo dando conferencia sobre lo que ve y ha visto en otros países como consecuencia del mismo. No lo critico, al contrario, alabo su iniciativa. Él, al menos, lo hace. El calentamiento progresivo de la tierra está provocando el deshielo de zonas habitualmente congeladas y el aumento de temperatura de zonas en las que no debería hacer calor con las descompensaciones climáticas que eso crea. Di Caprio se dio cuenta del problema cuando intentó grabar la película de El Renacido. Tuvo que esperar muchos meses a que nevara en zonas donde siempre había nevado y, al final, el equipo se quebró la cabeza buscando un lugar donde nevara en determinadas fechas porque no había forma.

En España, visiblemente, lo estamos sufriendo cada vez con más ímpetu. Somos un territorio que por su ubicación en el mapa tiene muchas papeletas para convertirse en un secarral en los próximos 50 años. La gente de Palencia para abajo, no encontrará un alojamiento libre en verano libre en zonas del norte buscando un respiro en verano entre los 25 y 35 grados y no los 45-50 que habrá en el resto de España durante los meses de mayo- septiembre. Pasaremos de ser un sitio turístico preferido a ser un destino elegido solo por su encanto desértico donde la gente no venga porque no puede salir de casa entre las 10 de la mañana y las 2:00 de la madrugada y donde torrarse al sol en la playa sea exponerse a quemaduras solares y carcinomas.

Sé que en la mente de muchos no entra este tipo de preocupaciones porque en la visión cortoplacista de la gran mayoría, las prioridades y preocupaciones son otras como pensar qué bikini me voy a poner para el verano ¿Qué me importa la tierra dentro de 50-80 años si me voy a morir antes? ¿Por qué me voy a preocupar de cuidar este lugar tan maravilloso cuando puedo aprovecharme de él sin que me pida nada a cambio? Pero lo cierto es que aún se puede hacer mucho por el cambio climático y cuesta muy poco. Aunque es difícil obviar el uso de nuestro coche y los intereses económicos tan grandes que hay detrás de todo esto (por gente que no va a vivir dentro de 80 años), hay ciertas medidas a las que podemos contribuir. Por ejemplo, reducir el consumo de ciertas sustancias, como la carne. Si no comiéramos la comida basura que nos venden a bajo precio, ya haríais bastante por el planeta. Seguro que no sabéis que el mayor contaminante ahora mismo son los gases que emiten las reses, en aumento, por el desmedido consumo de carne en todo el mundo (gracias a las chupiguays cadenas y cultura del Wopper). Dicho de otra manera, los pedos de las vacas están cargándose la capa de ozono porque despiden un gas altamente contaminante: el metano. Ojo, que las vacas no tienen la culpa sino la mierda que comemos.

Es posible que a muchos les importe un bledo todo esto, como la noticia que he leído en diario El Mundo hoy, pasemos de 3500 muertes por olas de calor a 350.000 en 80 años. Puede ser que estas muertes importen menos que otras. De momento, tiramos con el aire acondicionado. Paro para  los que tenéis esa mente cortoplacista, os digo que las energéticas se están dando cuenta de la jugada y han visto que el consumo eléctrico por olas de calor ha aumentado por 4 en estos últimos 20 años. Por tanto, eso hace que la próxima factura total de luz se incremente en unos 70 euros más de pago de electricidad al año. En 20 años, estemos pagando 300 euros de consumo eléctrico al mes por calentar nuestros hogares en los inviernos extremos y por consumo de gasto de aire acondicionado durante 4-5 meses de media de 40 grados que tendremos a diario. Suponiendo que no se ganen más de 800 euros al mes o que haya gente en el paro,  pasaremos verdaderos infiernos de frío en invierno y en verano, nos asaremos de calor, sin poder vivir ni descansar. El gasto por calefacción y aire acondicionado se convertirán en auténticos artículos de lujo que muy pocos se podrán permitir, al igual que el agua. Únicamente los meses de octubre y abril nos darán un respiro para no estar pasándolas putas en casa al no poder pagar semejantes facturones que no se equilibrarán con la subida de los sueldos ni las que para los que no habrá ayudas, por supuesto.

Recuerdo que hace 25 años, cuando tenía 15 años de edad, me encantaba la piscina. El verano llegaba a primeros- mediados de julio y con mucha suerte, a 32-35 grados y algún día, muy excepcional, a los 39. No era raro que cayeran tormentas de verano por la tarde, que me tuvieran que sacar del agua por si caía un rayo y que la tierra nos regalara ese agua de lluvia para regar el asfalto y darnos un respiro al calor con las que pasar las intensas noches de verano.  A mediados de agosto las piscinas quedaban vacías porque la temperatura llegaba a bajar, incluso a 20- 24 grados y recuerdo mirar las piscinas de mi barrio con pena. Solo un mes de verano-, pensaba amargamente.

También recuerdo cómo la temperatura iba cayendo progresivamente en septiembre y cómo en octubre íbamos sacando los jersys de lana hasta que en diciembre llegaba la Navidad, con el frío invierno y la nieve de las montañas. La gente pasa las Navidades esquiando y los niños jugábamos en el cole a tirarnos bolas de nieve. En marzo y abril, venía la primavera. Salías a las gradas del polideportivo a tomar el sol con los primeros rayos de calor del año y el sol calentaba a 25 grados aproximadamente. De vez en cuando, podías ponerte camisetas de manga corta. Y a la vuelta del verano, dos meses de piscina.

25 años más tarde, el verano empieza en mayo. No llega progresivamente sino que pasamos de los 1ºC grados a los 40 ºC al día siguiente. Este años, el calor extremo de los 40 grados se ha instalado en mayo en Madrid y seguimos sufriendo olas de calor insoportables que nos hacen estar a 36 grados a las 23:00 horas. De las tormentas ya ni hablamos. Ha llovido sol o una vez en estos tres meses y lo hizo de forma torrencial, generando el caos en algunas ciudades e incluso, la muerte de una persona por ahogamiento, a 2 kilómetros de mi casa. Quedó atrapado en un puente inundado que debería haber desaguado y como no cuidamos nada las infraestructuras, el pobre murió atrapado en su coche bajo el agua contaminada del asfalto.

Los picos de calor van a ser más extremos cada año, y no sé vosotros, pero a mí me parece preocupante, estar 4-5 meses a 40 grados y al día siguiente que las temperaturas bajen a 2 grados, a la espera de alguna lluvia torrencial o nevadas que seguro causaran grandes estragos y muertes. Porque una vez que se organiza el caos, al muerto se le entierra y a otra cosa mariposa. Echo de menos no poder salir a correr al aire libre en mi barrio desde mayo hasta octubre porque moriría de un golpe de calor.

Así que los niños seguirán disfrutando de 4 meses de piscina, por el momento… Porque de aquí a unos años, no habrá agua con qué llenarlas. He aquí mi desahogo. Menos sufrir por la tecnología y demonizar aquello que nos ha permitido y nos permitirá tantos años de progreso y más pensar en lo que ya tenemos aquí: las graves consecuencias del cambio climático y de los avisos que ya nos manda la tierra. Puede que los robots nos salven de ello. El futuro nos lo dirá.

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